El arte minucioso de Olga Quesada

Publicado el: 20 Jul 2011

Esta artista del metal nos cuenta lo que significa volver a la vocación que se sufre con las manos: la orfebrería

Por María Fernanda Cruz
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Fotos Jeaninne Cordero

 

Olga lleva las uñas pintadas a pesar de que su pequeña fábrica de orfebrería está llena de ácido hirviendo, seguetas filosas, máquinas de tuercas que traquean, alicates de todos los tamaños y lijas de todas las texturas.

Ella sabe que este oficio no admite nimiedades. “Para hacer un anillo forjado primero se elabora el aro y el resto es a mazazo limpio, hay que darle muy duro”, cuenta riendo.

A veces sus ideas le llegan cuando va en el bus o cuando está en el gimnasio, pero su taller es el lugar para convertir sus ideas en una realidad: un anillo de bodas personalizado, una joya perfecta para una cena romántica o un collar de lujo para una fiesta.

El arte siempre le corrió por las venas. Siempre le gustó dibujar y tejer, aunque también realizó varios cursos en Studio Metallo, una especie de universidad para los orfebres, ubicada en Barrio Escalante, San José.

Para ser orfebre se necesita talento, vocación y mucha, mucha paciencia.

“A veces estoy soldando algo y se me mueve la pieza. Entonces veo cómo lo sostengo, le pongo el fundete y empieza a hacer burbujas, se me mueve la soldadura y la pieza, y va de nuevo”, asegura esta artista.

Hay piezas a las que se les dedica uno o dos días, pero hay otras en las que se invierte 15 días o más. Y ese es uno de los elementos más importantes a la hora de cobrar, además de la calidad.

El arte de Olga todavía tiene fines muy familiares, pues casi todas las piezas son para sus hijas, que las secuestran cuando están terminadas. Ella espera que muy pronto se puedan comercializar en el mercado nacional, para ello las exhibe y las vende en ferias y festivales.

Su talento está ahí, solo tiene que llamarla y ella le convertirá alguno de sus sueños de metal en una hermosa realidad. 

 

Fuente: Olga Quesada, orfebre (Tel.: 8833-2734)

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