Entrega y humildad hecha mujer
Relegar los propios sueños para atender con grandes obstáculos a una familia es admirable. Agregarle a esto la sencillez de una verdadera puriscaleña es hablar de Carmelina Guzmán, referente tenaz de su comunidad.
Por Daniella Fernández* / Fotos Germán Fonseca
Ella es el reflejo de una auténtica campesina arraigada a los valores, costumbres y raíces del costarricense de inicios del siglo XX. Pero no es hija de la ficción, aunque en su pueblo es toda una leyenda. Carmelina Guzmán Guzmán es una mujer de carne y, sobre todo, de hueso, que habita en Mercedes Norte de Puriscal, donde se llega por un camino de lastre experto en moler zapatos. Ese carisma que irradia a sus 69 años es fruto de las mil y una peripecias que ha vivido para sacar a sus hijos y hermanos enfermos adelante, a pesar de que eso le costó la pérdida de su casa, varias operaciones y la soltería. Consagración temprana Ramón y Beliza Guzmán se unieron en un contexto temporal y espacial en el que el matrimonio entre primos hermanos era usual. Producto de esa relación nació Carmelina, el 2 de abril de 1937, en su casa y con ayuda de una partera.
Desde chiquilla tuvo que lavar en la quebrada, recolectar café, cultivar frijoles, jalar leña, palmear tortillas… Los quehaceres del hogar los combinó con sus estudios hasta tercer grado, pues la obligación de arrebatar a sus hermanos de la hambruna le impidió continuar su preparación académica. A partir de ahí, la supervivencia de los suyos ha sido su norte y las privaciones las responsables de promover esa capacidad de capearse las decenas de obstáculos que le presenta la vida. A pesar de que conoció el amor, Carmelina decidió apartarse del matrimonio para no desprenderse de su familia.
Único y gran amor
Lo primero que aclara es que solo un novio ha tenido, el que por cierto no fue el amor de su vida, pero sí el padre de su hija mayor.
“A los 16 años quedé embarazada de Socorro Mena Mora… así se llamaba, como quien dice auxilio me enamora”, recuerda entre risas traviesas.
¿Y qué pasó? Su padre obligó al joven a casarse, pero ella lo rechazó, porque “si él hubiera querido no habría reaccionado bajo amenazas”.
Sin importarle “el qué dirán”, sola se hizo cargo de su pequeña Olga, quien la llamaba “Carmen”, pues veía como sus padres a los que en realidad eran sus abuelos.
Volvió “a meter algo más que las patas” seis años después, cuando tuvo una aventura con Antonio Cordero, su gran amor. Como en casi todos los amores intensos existía un impedimento. Toño era casado, y aunque estaba dispuesto a dejarlo todo por Carmelina, ella se negó a destruir un matrimonio y, sobre todo, apartarse de su familia. Compartir, su modus vivendi Ese desprendimiento que la desvió de sus sueños, para entregarse a sus parientes, aunado a la bondad que transmite, hace que su nombre sea una referencia en Mercedes Norte.
“Si me quitan el cigarro me matan”, asegura. Tan vieja como poderosa es esta adicción en su vida. Antigua porque desde los 8 años fuma, pues le encendía los cigarrillos a sus padres. Potente porque la falta de nicotina es lo único que la saca de quicio y la mantiene “enjaranada” con Lelo, el pulpero de la localidad.
La pulcritud con la que mantiene su casa es proporcional –afirman quienes la rodean– al escenario de su corazón, en el que, según ella, no tienen cabida los rencores ni resentimientos.
Aunque es “algo mal hablada y peca de sincera”, sus palabras evidencian la religiosidad con que vive. Para muestra varias de sus respuestas…
Y, ¿cómo es su rutina diaria? “Faltando 5 minutos para las 6 de la mañana me lavo el hocico, hago café y le doy pasada al Espíritu Santo, dueño y señor de mi vida y cocina… Faltando 5 para las 10 de la noche rezo, para darle gracias a Dios y a la Virgencita por la cama que me repara”, contesta.
Pero en el plano terrenal, ¿qué espera del futuro? “Lo único que espero es la venida de Cristo… no le temo a la muerte en sí, solo al momento en que tenga que rendirle cuentas a Dios”, responde con sencillez y simpatía esta puriscaleña que parece salida de un cuento. |
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*Adaptación Perfilcr.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa. | |