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Yo, a mi encuentro
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Por Revista Perfil
Publicado el 05/2/2008
 

Tuvieron que transcurrir 34 años para encontrarme a mí misma.

Perfil 565


Yo, a mi encuentro

Yo, a mi encuentro

Tuvieron que transcurrir 34 años para encontrarme a mí misma.

Por Liana* / FotosLiquidlibrary.com

En efecto, fue un largo camino, pero es que reconocerme no fue sencillo. La vida y sus circunstancias me llevaron al límite del abismo, al límite mismo del sentido de la vida, en donde me encontré conmigo misma.

Durante la vida todos recibimos heridas, pero las mías se habían hecho parte de mí. Muchos silencios carcomían mi existencia, junto con un sentimiento de profundo dolor causado por mi propio cuerpo. Por circunstancias del destino, mi salud nunca ha sido digna de trofeos, por lo cual he tenido que visitar el quirófano en siete ocasiones, no en todas por la misma causa, pero para el caso, significó lo mismo. A eso se unía, en el deseo de “llenar” el vacío, la soledad. Y es que la escogencia de mis novios nunca había sido lo que esperaba; de alguna manera siempre eran personas que traían más dolor y vacío, lo que aumentó mis heridas y las convirtió en una “bomba de tiempo”.

Mi única solución era clara: desaparecer, suicidarme. El panorama era cada vez más sombrío la lógica no era mi mayor fuerte y mis emociones se tambaleaban.

La Universidad se convirtió en un escape, pero las tareas escolares y la presión del posgrado aumentaron la tensión. Mi noviazgo iba en declive por las infidelidades de mi –hoy– exnovio. Una nueva operación me esperaba… No aguanté. Fue demasiado. En lugar de encontrar una solución sana y una luz, esta cada vez se alejaba y los pensamientos de culpa se incrementaban. A pesar de que muchas manos amigas me apoyaban, por dentro escuchaba un gran ruido.

Cargando ese peso y con un gran grito de necesidad, pedí ayuda a un familiar. Era eso o finiquitar el suicidio. La respuesta fue instantánea. En esa semana un sicoterapista, amigo de la familia, accedió hablar conmigo.

Él solo contaba con un fin de semana y ahí empezó mi reencuentro… con terapia, me encontré con la persona que soy: una mujer, llena de ilusiones, inteligente, por acabar un posgrado que ha cambiado mi forma de pensar, una mujer sensible, tierna, hermosa, que merece lo mejor por ser quien es.

 

 

Realicé un viaje por mi vida, me encontré con aspectos que todavía no había solucionado en mi pasado y que cargaba con incomodidad. Mi pasado no me dejaba, y el presente me producía miedo. Por estar “llorando” por ambos me olvidé de vivir.

Me liberé interiormente, sané heridas, perdoné y me empecé a amar. La alegría y la paz envuelven mi vida hoy. No han cesado los problemas o tensiones de trabajo o estudio, pero ya no me ahogan. Ahora soy dueña de mi misma y elijo cuanto me pueden afectar.

La vida se puede mostrar en muchas ocasiones fría, desolada e inerte, donde no le encontramos un sentido positivo, donde es más fácil invisibilizarnos que crecer como personas.

Comprendo que ninguna experiencia se puede comparar, que cada vida está en una búsqueda continua de sí misma… Pero puede existir algo que nos asemeja y es esa fuerza interior que nos ayuda a salir adelante, que nos hace fuertes para la vida y vuelve el sufrimiento una rica fuente de experiencia donde el aprendizaje de ser más humanos es el secreto. 

No debe haber miedo de detenernos y pedir ayuda, de ver hacia nosotras mismas y amar lo que tenemos, lo que somos. Definitivamente, no hay que temer expresar nuestros sentimientos y aprender a mirar con amor…

 

*Adaptación Perfilcr.com, el texto completo se encuentra en la versión impresa.