A Sor Bernarda

Por Isabel Ovares*
perfil@nacion.co.cr (Generación 1970, Colegio María Auxiliadora, San José)

Todavía recuerdo el día que la conocimos. Fue una mañana de marzo de 1970 en el auditorio del Colegio, durante la presentación de profesores y guías designados para ese año colegial que, para nosotras, sería el último en esa casa de enseñanza.

Para algunas, incluso, como Emma, Lilia, Velia, Peggy, Patricia, Rosemary, Seidy, Guiselle, Sandra, Ana Teresa, Mayra y yo, sería el final de 11 años como alumnas del Colegio María Auxiliadora de San José.

“Guía de los quintos años: sor Bernarda Figueras”, anunció sor Haydeé Bogantes.

“¿Quién será?”, le pregunté a Eduviges, mi compañera inseparable. Desde la posición estratégica que ocupábamos frente al piano de sor María Lourdes Argüello, buscamos a nuestra nueva guía y allí, arriba, en el escenario, encontramos una expresión dulce y sonriente que nos daba la bienvenida y saludaba.

A partir de ese momento, iniciamos una relación que nos acompañó siempre, a lo largo de 38 años, hasta su fallecimiento en mayo de 2008. Pocas relaciones entre una profesora (más aún siendo religiosa) y un grupo de alumnas alcanza una solidez como la que tuvimos.

La recuerdo a ella consolándome ante los sinsabores propios de la época colegial. Alentándonos a todas las integrantes de la selección de básquet del Colegio desde las canchas o los gimnasios donde competíamos.

La recuerdo llorando, viviendo el dolor de otras compañeras salesianas.

La recuerdo rezando por la pérdida de Seidy, mi alegre compañera de la escuela, el colegio, el barrio.

La recuerdo apoyando a Guiselle en los duros momentos por la muerte de sus hijos Facundo e Íñigo.

La recuerdo en cada té de fin de año en que nos reuníamos las compañeras: “no se les olvide traer el regalo para los chiquitos de Sor Bernarda”, sentenciaba siempre Patricia Cardos.

La recuerdo el día que estuvo en mi casa, hará un par de años, sentaba junto a Liliana Reyes, conversando amenamente. Ese día, nos contó sobre los milagros que hacía la Virgen a los pedidos de sor María Romero, para que visualizáramos lo que podíamos alcanzar a través de ella. Como siempre, no perdió la oportunidad de inculcarnos el amor a María y bendecirnos a cada una.

Pocas personas trascienden la vida entre tantas. Nosotras, las integrantes de la generación 70 del María Auxiliadora, tuvimos esa suerte de contar por casi 40 años con el cariño, la alegría, la solidaridad y la guía espiritual de esta excepcional hija de María Auxiliadora.

*Adaptación para Perfilcr.com, el artículo completo se encuentra en la versión impresa.