Esculturas monumentales

Las misteriosas esferas de piedra encontradas en el Pacífico Sur costarricense se postulan para formar parte del patrimonio de la humanidad.

Por Karen Marín / Fotos
Fuentes: Ifigenia Quintanilla, antropóloga y arqueóloga. * Francisco Corrales, director del Museo Nacional (Tel.: 221-4429)

Son el símbolo de la escultura pública costarricense, y sin embargo, se escondieron por años entre las selvas del sur del país. Las esferas de piedra precolombinas distinguen a Costa Rica desde tiempos lejanos.

Y hoy como ayer, estas majestuosas esferas siguen guardando un secreto indescifrable. Su salto de entre las sombras del tiempo y la selva, es tan fascinante como su forma esférica casi perfecta.

Corrían los primeros años del siglo XX, y el enclave bananero daba sus primeros pasos en la zona sur del país, luego de abandonar el Caribe,  cuando la zona del Diquis mostró lo que guardaban sus entrañas: el legado granítico de sus primeros habitantes.

Un grupo de trabajadores de la compañía bananera hacía unas excavaciones para levantar una edificación en la zona de Palmar Sur y Sierpe, concretamente en Finca 6, y accidentalmente se toparon con un “jardín” de esferas de diversos tamaños.

No obstante la importancia del descubrimiento, las esferas de piedra encontradas adquirieron un valor trascendental a partir de 1991, cuando comenzaron los estudios del Museo Nacional, los cuales continúan hasta la fecha, principalmente a cargo de la arqueóloga Ifigenia Quintanilla.

Su historia

Según la arqueóloga Ifigenia Quintanilla, quien ha dedicado más de 10 años a su estudio científico, las esferas se empezaron a tallar entre los años 400 d.C. y algunas fueron elaboradas en el periodo comprendido entre el 800 y 1.500 d.C.

Quintanilla supone que no tenían un sentido sagrado, ya que los objetos sacros se colocan en lugares protegidos y estos monumentos se encontraban a la vista, en diversos parajes. Asimismo, cree que estas eran una forma de identificación y que se utilizaron con un sentido de vinculación con la memoria y la identidad.

La experta destaca la posición que mantenían las esferas; se colocaron en agrupamientos lineales, semicirculares y triangulares y servían también como divisiones territoriales. Añade que su utilidad pudo ser como un  elemento de identidad local. Además, se encontraron figuras antropomorfas junto con las esferas, por lo que se cree que fueron elementos de prestigio público y colectivo, a diferencia de los ornamentos de oro y cerámica que reflejaron más el prestigio y la posición individual.
Es por eso que las autoridades del Museo Nacional costarricense consideran que el legado de las esferas permite postularlo para ser declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad, como ha solicitado el Museo Nacional al Fondo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
El concepto ha sido aprovechado recientemente por el prestigioso escultor Jorge Jiménez Deredia, costarricense radicado en Italia, quien ha hecho de la esfera una de sus principales elementos de expresión.

 

 
 

Según los expertos, las esferas de piedra carecían de significado religioso.

 
 
Particularidad tica

De acuerdo con Francisco Corrales, director del Museo Nacional, se han identificado cerca de 300 esferas, pero se estima que podrían ser 600 o más. Su valor arqueológico radica en que, aunque se han encontrado en otras culturas, ninguna otra atesoró la cantidad y variedad de las costarricenses, las cuales van desde los 15 centímetros de diámetro hasta los dos metros y medio, algunas con petroglifos. Las más grandes pueden llegar a pesar hasta 15 toneladas.

Su majestuosa forma, la precisión milimétrica de su redondez y la forma en que estaban dispuestas en la tierra, todavía son un enigma, pese al empeño de muchos profesionales e instituciones, aún no se ha logrado descifrar el significado que tenía para sus creadores. Aunque mucho se ha avanzado en estos años en el conocimiento técnico sobre cómo fueron construidas y su distribución geográfica.