Así lo viví

Soy mujer, madre y prostituta

Testimonio anónimo
Redacción Daniella Fernández

Tengo 42 años, once hijos vivos y soy trabajadora sexual. Quienes conocen mi profesión dicen que soy la “antiputa”: no tengo vicios, hablo poco de sexo y mucho de mis chiquillos.

Además, soy consejera, pues muchos clientes pagan solo para que los escuche. Es cansado volver a la casa con la cabeza llena de problemas.

Y es que como a la mayoría de mis compañeras, me falta extravagancia y un nombre exótico, pero me sobran conflictos como madre, hija y vecina.

Empecé a prostituirme desde niña. Aunque atendí a mi primer cliente a los 38 años, por mucho tiempo acepté que mis parejas me mantuvieran.

Desde pequeña, los hombres marcaron mi vida a golpes. Mi primer embarazo fue fruto de una violación, aún así mi papá me culpó y me obligó a juntarme con el abusador cuando tenía 12 años.

Dependí de los varones hasta que me abandonaron. Intenté llevarle el sustento a mis hijos trabajando en sodas, pero los bajos salarios y el exceso de trabajo me obligaron a prostituirme.

Por un tiempo, logré ocultarles a mis muchachos mi verdadero oficio. El día en que se enteraron se me vino el mundo encima. La poca autoridad que tenía murió.

Soy tan normal como el resto de las madres, incluso los quiero más que algunas señoras “santulonas”.

A pesar de que algunos de mis hijos son drogadictos, le agradezco a Dios que estén conmigo. A muchas de mis compañeras se los quitan. No las juzgo, ser prostituta es más que fingir un orgasmo, pero es mi trabajo.

Aunque me sienta mal nunca falto a la esquina, solo cuando ando con la menstruación. Los domingos me quedo con mis hijos, a menos de que no tengamos nada para comer.
                                                               
El dinero no es seguro, puede que pase todo un día y no haya ni un solo cliente…o que haya pero yo no lo acepte. Es mejor perder 2.000 colones antes que dejar de usar el condón, no puedo arriesgarme a que me peguen alguna enfermedad.

En la calle me agarran desprotegida, pero ahí me siento dueña de mí misma: yo elijo cuánto cobrar.

Elegir es importante. No pedí ser mujer, madre, ni trabajadora sexual… pero decidí sacrificar todo por mis hijos. Aunque a veces me siento sola, prefiero aguantarme antes que juntarme con alguien que les pueda hacer daño.

*Adaptación Perfilcr.com, el texto completo se encuentra en la edición impresa.


Empecé a prostituirme desde niña. Aunque atendí a mi primer cliente a los 38, por mucho tiempo acepté que mis parejas me mantuvieran.