La ausencia de padre o madre no debe verse como una desgracia; hay que convertirlo en una fortaleza para el desarrollo del menor.
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El lado bueno de lo negativo La ausencia de padre o madre no debe verse como una desgracia; hay que convertirlo en una fortaleza para el desarrollo del menor. La biología lo establece: no puede haber bebé si no ponen de su parte un padre y una madre. La ley lo apoya: los niños tienen derecho a tener padre y madre. Sin embargo, los diversos conflictos propios de una relación, o simplemente situaciones fortuitas pueden hacer que un infante pierda de su lado a alguno de sus progenitores. Sin duda, esto puede traer consecuencias negativas para el menor. Según explica la sicóloga Ericka Cordero, los niños, en primer lugar, atraviesan un duelo al resentir la falta de uno de sus padres. Hay otros que además experimentan culpas, pues piensan que esa partida ha sido el resultado de algún mal comportamiento suyo. El asunto se puede complicar si la persona que queda al cuidado del menor no habla del tema, ni se muestra cercano al pequeño para ayudarle a superar sus dudas. Pero aún con estas y todas las otras situaciones negativas que pueden presentarse con la ausencia de uno de los progenitores, hay oportunidad de convertir eso negativo en una fortaleza para el desarrollo de los infantes. Habrá mayor ausencia Esto, genera que los pequeños sufran una ausencia doblemente intensa, pues el progenitor que se ocupa de ellos también se ausenta frecuentemente para trabajar. Pero precisamente en esa ausencia es donde se puede comenzar a cultivar la autonomía de los menores. Comunicación, confianza y responsabilidad Otro aspecto importante, para Picado, es que los buenos padres tendrán la necesidad de explicar muy bien al infante lo que es bueno y lo que es malo, pues de la claridad con que manejen estos conceptos dependerán sus buenas relaciones con otras personas. |
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