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La mujer de las tortugas
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Michelle Soto
 
Por Michelle Soto
Publicado el 04/2/2008
 

Llegó al Parque Nacional Marino Las Baulas para nunca irse. Ante un desarrollo costero incontenible, Elizabeth Vélez tomó una decisión y adquirió un compromiso: luchar por la conservación.

Perfil 563


La mujer de las tortugas

La mujer de las tortugas

Llegó al Parque Nacional Marino Las Baulas para nunca irse. Ante un desarrollo costero incontenible, Elizabeth Vélez tomó una decisión y adquirió un compromiso: luchar por la conservación.

Por Michelle Soto* / Fotos Carla Saborío

En Nombre de Jesús, las tortugas negras arriban al caer la noche. Esta es una playa que está fuera de los límites del Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste (PNMBG), pero se identificó que estos quelonios llegan a desovar a sus arenas.

La bióloga tropical, Elizabeth Vélez, revisaba el equipo por última vez antes de emprender la caminata. En temporada, se patrulla en busca de indicios que permitan llevar un monitoreo de investigación.

Elizabeth me contó sobre el por qué promueve la conservación y las consecuencias que esto le ha traído a ella y a su familia.

Fascinada por la biología
Es panameña de nacimiento, pero vive en Costa Rica desde pequeña. Para ella, la biología le despertó el instinto. Sus primeros trabajos de investigación, los orientó a los insectos. En particular, fue asistente de investigación de la Universidad Nacional en un estudio sobre parásitos de mariposas en las cercanías del río Macho.

En uno de los cursos, un grupo de amigos y compañeros le propusieron hacer un voluntariado con tortugas marinas en las playas del PNMBG.

El lugar donde todo empezó
Escogió ir a playa Langosta. Ese voluntariado le despertó el interés por las tortugas, y volvía año con año hasta que el encargado del proyecto no pudo continuar. Fue entonces cuando ella, Rotney Piedra y Guiselle Monge decidieron hacerse cargo del monitoreo.

A mediados de los noventa, los biólogos recibieron capacitación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) que además les donó equipo de marcaje. Gracias a sus esfuerzos, el país cuenta con un registro sistemático de datos que contabiliza más de una década.

Una lucha por ideales
En los noventa, los hueveros ya tenían la playa dividida. Los investigadores tenían que comprarles el derecho para poder tomar los datos. Con el tiempo, y un proceso de concienciación, las personas empezaron a ayudarles y fueron viendo que las tortugas podían darles más beneficios.

Hoy, en las playas del parque nacional, las comunidades cercanas se benefician del turismo que llega a verlas. Además, trabajan en conjunto con los guardaparques y los apoyan en la educación ambiental y la protección de las playas.

Actualmente, el desarrollo costero se convirtió en una nueva amenaza. Quizá usted ha escuchado noticias sobre la problemática que gira alrededor de este parque nacional por el tema de las expropiaciones.

 

 

 
Retomar el timón
Desde el 2004, Elizabeth trabaja en la Estación Biológica Goldring en playa Grande. Ahí, da apoyo al parque nacional al aportar información científica para que el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) pueda tomar decisiones de manejo y promoviendo la educación ambiental en las escuelas de la comunidad.
 
 

*Adaptación Perfilcr.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.