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San Gerardo de Dota: su principio y fin
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Gabriela Camacho
 
Por Gabriela Camacho
Publicado el 04/17/2008
 

En este frío y verde pueblo cifró sus esperanzas, abriendo camino y un futuro entre la fiera montaña, que al principio se resistió a ser conquistada, pero que hoy está tendida a sus pies.

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San Gerardo de Dota: su principio y fin

San Gerardo de Dota: su principio y fin

En este frío y verde pueblo cifró sus esperanzas, abriendo camino y un futuro entre la fiera montaña, que al principio se resistió a ser conquistada, pero que hoy está tendida a sus pies.

Por Gabriela Camacho* /Fotos Carla Saborío

Sus ojos se llenan de luz cuando cuenta su historia, como queriendo capturar los recuerdos. No en vano han pasado 82 años, de los cuales más de 50 ha vivido en San Gerardo de Dota, comunidad que se podría decir él fundó y que hoy es un próspero y lindísimo lugar.

A base de esfuerzo, lucha y mucha visión a futuro, Efraín Chacón llegó a este lugar apacible, escondido entre las entrañas del Cerro de la Muerte, con una mano adelante y otra atrás, con una alforja llena de ilusiones y mucho trabajo por hacer.

Abriendo montaña
Su misión primera fue llegar a San Gerardo a cazar, esta aventura lo apasionaba, y su hermano y amigos fueron parte de este inicio.

Todo aquel monstruo verde, o los terrenos abandonados, conocidos en ese entonces como baldíos nacionales, poco a poco comenzaron a seducirlos. A los 22 días volvieron con la idea de “acarrilar” tierras.

Así, siete personas en total hicieron una medida frente al río. La primer tarea y más urgente, hacer un sendero para venir a pie, porque no había paso de ningún tipo. Luego tuvieron la idea de hacer un camino pero para pasar con caballos.

Don Efraín recuerda que llegaron en 1954. Tiempo después se vino su hermano Federico con la familia, y así comenzó a poblarse, despacio pero con mucha ilusión.

Ya en el 63 y a base de mucho trabajo, tenían un camino para pasar con caballos, lo que fue una gran ventaja para el desarrollo.

Las cabinas Chacón
Como algo informal, así describe don Efraín el inicio de las cabinas, que con el paso de los años se convirtió en el hotel de montaña Savegre.
“Nosotros le sembrábamos truchas al río, y los pescadores de San José comenzaron a venir. Como no había dónde comprar nada, le decían a mi esposa, Caridad, que les preparara un gallito”.

En el 70 habían logrado hacer un camino para vehículo de doble tracción. Idearon entonces, hacer dos cabinas, “esto pensando en algo de turismo y dar algo de comodidad y adquirir algún dinero que buena falta nos hacía”.

Para este amante de la naturaleza, lo que los dio a conocer a nivel internacional, fue la acertada visita de unos funcionarios de la Universidad de Harvard, quienes llegaron a recolectar  miniorquídeas.

Naturaleza, divino tesoro
Desde su óptica, el turismo ha cambiado mucho en esta zona. Hoy, la naturaleza ha ganado un terreno enorme.

“Hemos crecido mucho, hoy el hotel cuenta con 45 habitaciones, tenemos sala de conferencias y diferentes tours. Tenemos 187 especies de aves identificadas contando las migratorias”.

Y es que no es para menos, la belleza del río Savegre seduce a cualquiera, sin mencionar lo verde del paisaje, la gran cantidad de aves que se pueden observar fácilmente y el misterioso bosque nuboso, que atrapa con su calidez.

 

 

 
 
“Aquí muy cerca anida el quetzal y también hay árboles de aguacatillo que los atrae, este es uno de los principales atractivos, sin contar los muchos otros que tiene este lugar, para mí mágico”.
 
 

*Adaptación Perfilcr.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.


Punto y aparte

Punto y aparte

­— ¿Si volviera a nacer se animaría a “inventar” de nuevo este pueblo?
— La verdad es que pasamos muchas cosas. Aquí se trabajó mucho, con las uñas, nosotros no traíamos recursos económicos, si hubiera tenido plata me hubiera quedado en otra parte, no me hubiera venido a arriesgar aquí, pero como nada traía, tampoco nada arriesgaba.

— ¿Entre los recuerdos difíciles cuál se le viene a la mente en este momento?
Con miles de costos logramos tener tres vaquitas y a la mañana siguiente cuando nos levantamos se las había comido el tigrillo, no había dejado nada, que desesperación sentí (sus ojos se llenan de lágrimas).

—¿Se siente satisfecho de todo lo vivido?
—Claro, me siento satisfecho, mi señora fue parte muy importante, lo mismo que mi hermano Federico en el inicio, que fue tan duro, después de todo ahí estamos, contentos, hemos aprendido a querer esto, es parte muy importante de nuestra vida.

—¿Cuántos hijos, nietos y bisnietos?
—Tengo 11 hijos, 32 nietos y 4 bisnietos.

—Si pudiera describir este lugar…
—Hoy en día es un paraíso natural, pero cuando nosotros llegamos, era un bosque sin tocar, había muchos animales de monte y una paz como uno no puede imaginársela.

—¿Qué le preocupa del futuro?
—Este es un lugar muy tranquilo, no se oye de asaltos o problemas, pero uno piensa porque Costa Rica parece que se nos fue de las manos.

*Adaptación Perfilcr.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.